Queso vs jamón

El relleno clásico del sándwich se mide con los límites de la Ley 20.606 por 100 g: 275 kcal, 10 g de azúcares, 4 g de grasas saturadas y 400 mg de sodio. En el queso, la grasa saturada láctea y el sodio son los nutrientes que más empujan los sellos, y varían mucho entre un quesillo fresco y un queso maduro. En el jamón, el sodio es casi siempre el protagonista, porque la salmuera y los conservantes elevan ese valor incluso en las versiones que se anuncian como bajas en grasa.

El procesamiento separa con claridad a los dos pasillos: un queso fresco se acerca a NOVA 3, mientras que la mayoría de los jamones y otras cecinas clasifican como NOVA 4 (ultraprocesados) por sus aditivos, almidones y nitritos. Ambos aportan proteína, que el puntaje premia, pero en el jamón conviene leerla junto al sodio que la acompaña. Los datos de abajo muestran cómo queda cada categoría con la metodología pública del sitio.

Con los datos actuales, queso promedia 50 de 100 con un 4% de productos sin sellos «ALTO EN», y jamón promedia 66 de 100 con un 18%.

Cómo leer estos números

Los promedios resumen categorías completas y dentro de cada una conviven extremos: quesillos frescos junto a quesos maduros muy salados, y jamones de pavo junto a otros cargados de sodio. Los sellos «ALTO EN» funcionan como piso de la nota, un sello la limita a C, dos a D y tres o más a E, y la etiqueta de cada envase es el dato definitivo.

Datos del dataset abierto de OpenFoodFacts (Chile). No refleja stock ni precios en góndola. Los sellos «ALTO EN» se estiman desde el contenido total de cada nutriente.

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